martes, 22 de agosto de 2017

¿Por qué enseñamos cosas que hemos desaprendido?

Supongo que el hecho de que estuviera indignada (porque dos niños fueran pidiendo comida a todos los que estábamos en la playa para merendar de gratis y luego tiraran en la arena lo que no les había gustado mientras sus padres no les hacían ni caso) influyo negativamente en mi reacción cuando un niño de seis años nos interrumpió a mi hermana y a mi cuando jugábamos a las palas para pedirnos si el también podía jugar con nosotras.
Aunque para mí lo más lógico hubiera sido que nos pidiera permiso para jugar cuando no jugáramos nosotras, pues aquello implicaba que una de nosotros debía dejar de jugar; tampoco en ese caso se me pasaría por la cabeza pedir a alguien sus cosas, pues para eso tengo las mías...
Los pensamientos que se me vinieron a la cabeza entonces, fueron que todos esos niños tenían mucho morro, que a mí nunca se me hubiera pasado por la cabeza hacer algo así, y que tanto unos padres como otros deberían no solo educar mejor a sus hijos, si no también comprarles comida y unas palas.
Después, más relajada y mientras jugaba con el pequeño (no pudimos negarnos), los pensamientos que me vinieron fueron otros. Quizás, yo fui una niña demasiado tímida.
Todo ello me lleva a reflexionar sobre cuando ocurre que, si desde pequeños se nos enseña a compartir y a pedir permiso para coger un juguete que no es nuestro; nos convertimos en personas desconfiadas y celosas de nuestras cosas hasta tal punto, que las personas de la toalla de al lado se vuelven invisibles y evitamos cualquier tipo de contacto con unos desconocidos con quienes estamos compartiendo una tarde preciosa de verano y hasta puede, que pudiéramos compartir unas risas.
Creo que aunque hay muchas cosas en la vida que nos van decepcionando, nunca deberíamos dejar de ser como esos niños que un día fuimos. Y mucho menos, inculcar a nuestros hijos unos valores que luego no predicamos con el ejemplo. Pues, ¿Qué tiene de malo compartir? ¿Por qué pedir permiso para pasar un buen rato con otras personas tiene que ser visto como un comportamiento intrusivo y molesto? Y sobre todo, ¿Por qué seguimos enseñando cosas que hemos desaprendido?
Quizás, es la manera que tenemos de aliviar nuestra culpa. Quizás, simplemente nos limitamos a reproducir una y otra vez las mismas enseñanzas por simple rutina. Quizás, pensamos que sólo los niños que aún deben aprender nuestras normas sociales; tienen derecho a este tipo de comportamientos cuando todavía no alcanzar a entender. 
Yo quiero pensar, que quizás dentro de nosotros ha resistido ese niño que fuimos y al que le enseñaron que compartir es bueno.

martes, 27 de junio de 2017

¿Empoderamiento desmesurado o falta de autoestima descomunal?

Es necesario que nos eduquen de tal manera, que resultemos persona empoderadas y seguras de nosotras mismas de tal forma; que seamos capaces de vivir felices al margen de aquellas opiniones y comentarios dañinos, que por desgracia siguen muy presentes en nuestra sociedad.
Sin embargo, no debemos cruzar ese límite en el que uno pasa de ser una persona segura, a creerse tan superior a los demás, que se sienta con el derecho de aprovechar cualquier situación para invalidar y ridiculizar la opinión de los demás; pues la suya, es la única válida e indiscutible.
En mi opinión, y aunque de nuevo hable sin que se me haya preguntado, creo que estas personas son unas engreídas de mucho cuidado a quienes las personas humildes no tienen nada que envidiar; y que más que poseer una gran seguridad, lo que poseen es una gran falta de autoestima descomunal. Pues lo verdaderamente ridículo aquí, es que para sentirse superiores e importantes, deban hacerlo a costa de la felicidad de los demás.

lunes, 26 de junio de 2017

Hoy me han aconsejado que no de consejos

Es curioso como a cada persona un mismo hecho le puede llegar de formas tan diferentes. De eso, me di cuenta cuando hace unos diez años una profesora nos llamo para explicárnoslo a modo de juego. Nos hizo sentarnos en el suelo espalda contra espalda, y nos pregunto que era lo que veíamos. Claro está, que aunque las dos nos encontrábamos en la misma habitación, no veíamos las mismas cosas.
La cuestión, es que aunque eso es algo que ha seguido presente en mis pensamientos, parece que a veces no nos damos cuenta de ello y creemos ciegamente que lo que nosotros sentimos o pensamos, es lo mismo que sienten o piensan los demás. Y esto, no trae más que frustraciones y malos entendidos al no ser capaces de ponernos en la piel del otro y reflexionar acerca de que motivos puede tener la otra persona para pensar diferente a nosotros.
Pues bien, eso me ha sucedido a mí hace unos días. Me sentía mal porque no entendía por qué por el simple hecho de dar mi apoyo, mi ayuda o defender a alguien, eso era visto como algo negativo y se me consideraba como una persona cabezota que siempre quiere tener la razón.
Lo que para mí era un simple comentario a modo de feedback, para la otra persona el que yo respondiera a su comentario (aunque fuera a su favor) implicaba estar invalidando su opinión y por tanto su verdad. Algo que por nada del mundo, se me abría podido pasar por la cabeza.
Por ello, es por lo que me han "aconsejado" no dar consejos, que no de mi opinión si no se me pide de forma explícita que lo haga.
Aunque voy a medir mis palabras con cuidado la próxima vez que lo haga, no voy a dejar de responder cada vez que alguien me cuenta algo, pues ello indicaría que o bien no me importa en absoluto lo que me están contando, o bien no estoy prestando atención alguna; algo que pienso sí sería ofensivo para la otra persona.

lunes, 29 de mayo de 2017

Cuando uno pide una ensalda...

Cuando uno pide una ensalada, no espera encontrarse solo con un par de hojas de lechuga y unas tristes rodajas de tomate. Cuando uno pide una ensalada, espera que sea una señora ensalada con sus ingredientes especiales extra y su distinguido aliño que hacen que resulte un plato interesante.
Por ello, cuando ayer me pedí una ensalada con queso de cabra y mermelada de higos de primero, esperaba encontrarme con hojas de distintas clases de lechugas, tomatitos, un trozo de rulo de cabra bien consistente, la mermelada y quien sabe si cebollita caramelizada y un par de nueces. Nada que ver con la realidad.
Por el contrario, se me presento un triste plato de ensalada con unas rodajas enormes de tomate, zanahoria, cebolla cruda y remolacha, agrupados por secciones. Vamos, la típica ensalada que sale en las fotos de los bares y que para nada era acorde al lugar donde la preparaban.
Si os preguntáis por el queso y la mermelada si, los había. Coronando la cima asomaba bajo la mermelada una rodaja de queso del grosor de una hoja de papel.
Por si todo esto no fuera suficiente, tras mezclar los ingredientes y tras el tercer bocado, empezaron a asomar unas hojas pochas de ensalada; algo que un restaurante no se debería permitir.
Tras pedirle a la camarera amablemente que nos cambiara el plato, no os podéis imaginar la cara que se nos quedo cuando la muchacha nos trajo otra ensalada sin el queso y la mermelada. Pero eso, no fue nada en comparación con la cara que pusimos cuando al reclamar la invisible hoja de queso, se nos informo con risa nerviosa de que aquello según cocina, se debía a que al devolver el plato ya nos lo habíamos comido.
Aunque ese dato no era cierto, la poca profesionalidad que podía quedar en aquel lugar se desvaneció ante mis ojos por completo. Y eso que no os he contado aún, que la cuarta vez que la pobre chica trajo el plato (esta vez con la mermelada y el queso) de nuevo contenía lechuga en mal estado.
Uno puede tener un error, incluso dos. Pero uno, también debe tener la valentía y la educación de enmendarlo y pedir disculpas. A si que quien quiera que fueras, si se te cuela una lechuga pocha y se te hace saber, deberías comprobar con lupa que eso no vuelva a ocurrir en vez de volver a meter la pata y encima quedar como un maleducado que compra el queso de la mejor cabra lechera del mundo y que por ello, solo sirve esa cutrez.
Aunque debo mencionar que se nos descontó la ensalada que no nos pudimos comer sin rechistar, lo mejor aún faltaba por llegar. Y es que cuando ya habíamos pagado y nos disponíamos a marcharnos, vimos como en otra mesa servían un plato de ensalada (espero que en buen estado)  con dos contundentes rodajas de queso bien hermosas.
Supongo yo que nuestro exclusivo rulo de cabra de la mejor cabra lechera del mundo, se había terminado y sólo les quedaba uno de las del montón.


miércoles, 17 de mayo de 2017

Unos shorts largos y pelos aún más largos

Como ya venía diciendo, parece que esta llegando el verano. Y aunque en mi armario no quepa ni una minúscula prenda más de ropa, siempre termino por comprarme alguna camiseta, short o vestido, que luego no me pondré con la excusa de que hace demasiado viento. Pero que queréis que os diga, no puedo evitarlo.
La cuestión, es que el cambio de armario, o mejor dicho, la renovación de armario, me resulta una "tortura china". Con lo divertido que sería salir de compras y verme fabulosa con la prenda de moda de turno o aquel clásico que nunca puede faltar en tu armario... pues no, resulta que para mi es misión imposible deshacerme de algunas prendas que ya llevan dos temporadas rotas, porque se que no encontrare ningún sustituto en las tiendas.
Todo esto viene a que hoy en weloversize he leído acerca de los bandelettes, unos ligueros anchos para evitar las rozaduras en las piernas. No se si realmente serán efectivos, pero la cuestión aquí es que se supone que si llevas shorts y no una falda o un vestido; no tienes porque sufrir por esas rozaduras que a muchas nos amargan el verano. El problema, es que si no quieres llevar un pantalón hasta las rodillas, apenas hay modelos que lleguen hasta media pierna, que no aprieten, que sean de cintura media o alta y que sean bonitos (o por lo menos yo, no he conseguido dar con ellos). Por el contrario, la mayoría de shorts son minúsculos y apenas cubren dos centímetros de piernas.
Por otro lado, si te apetece llevar falda o vestido, ya me diréis cómo lo hacemos para que con una ráfaga de viento no se nos vean las mallas o bien no se transparenten, pues son lo único que realmente funciona para evitar las rozaduras si es que no se te acaban enrodillando y tienes que hacer virguerías para que de forma disimulada vuelva todo a su sitio y no termines con roces.
Por suerte, hace unas semanas encontré unos shorts que sí se ajustaban a mis necesidades; eran altos de cintura y el largo evitaba que las piernas se me rozaran. Así que este verano, podré combinarlos con los únicos que encontré el año pasado.
Como hoy hacía calor, he decidido estrenarlos y ponérmelos por casa para que se empiecen a adaptar a mi cuerpo y cómo no, se hagan un poco más anchos. Y mientras miraba la televisión, han anunciado una marca de cuchillas bajo el lema "para que puedas salir de casa" o "lista para poder salir" a lo que enseguida me he mirado las piernas que como era de esperar en estas fechas; no estaban nada listas según el anuncio. Me parece perfecto que anuncien el producto, yo soy la primera consumidora de él, pero que lo hagan bajo ese concepto me parece del todo inaceptable.
Dejemos ya de imponer que es lo correcto y que es lo que debemos hacer las mujeres con nuestros cuerpos, dejemos de cohibir y condicionar a las más jóvenes y sobre todo, luchemos por nuestros derechos y nuestra libertad. Puede parecer algo insignificante, pero si empezamos a sumar toda la información que recibimos a diario y que pocos se cuestionan, nos daremos cuenta del tipo de mujeres que estamos creando...