lunes, 29 de mayo de 2017

Cuando uno pide una ensalda...

Cuando uno pide una ensalada, no espera encontrarse solo con un par de hojas de lechuga y unas tristes rodajas de tomate. Cuando uno pide una ensalada, espera que sea una señora ensalada con sus ingredientes especiales extra y su distinguido aliño que hacen que resulte un plato interesante.
Por ello, cuando ayer me pedí una ensalada con queso de cabra y mermelada de higos de primero, esperaba encontrarme con hojas de distintas clases de lechugas, tomatitos, un trozo de rulo de cabra bien consistente, la mermelada y quien sabe si cebollita caramelizada y un par de nueces. Nada que ver con la realidad.
Por el contrario, se me presento un triste plato de ensalada con unas rodajas enormes de tomate, zanahoria, cebolla cruda y remolacha, agrupados por secciones. Vamos, la típica ensalada que sale en las fotos de los bares y que para nada era acorde al lugar donde la preparaban.
Si os preguntáis por el queso y la mermelada si, los había. Coronando la cima asomaba bajo la mermelada una rodaja de queso del grosor de una hoja de papel.
Por si todo esto no fuera suficiente, tras mezclar los ingredientes y tras el tercer bocado, empezaron a asomar unas hojas pochas de ensalada; algo que un restaurante no se debería permitir.
Tras pedirle a la camarera amablemente que nos cambiara el plato, no os podéis imaginar la cara que se nos quedo cuando la muchacha nos trajo otra ensalada sin el queso y la mermelada. Pero eso, no fue nada en comparación con la cara que pusimos cuando al reclamar la invisible hoja de queso, se nos informo con risa nerviosa de que aquello según cocina, se debía a que al devolver el plato ya nos lo habíamos comido.
Aunque ese dato no era cierto, la poca profesionalidad que podía quedar en aquel lugar se desvaneció ante mis ojos por completo. Y eso que no os he contado aún, que la cuarta vez que la pobre chica trajo el plato (esta vez con la mermelada y el queso) de nuevo contenía lechuga en mal estado.
Uno puede tener un error, incluso dos. Pero uno, también debe tener la valentía y la educación de enmendarlo y pedir disculpas. A si que quien quiera que fueras, si se te cuela una lechuga pocha y se te hace saber, deberías comprobar con lupa que eso no vuelva a ocurrir en vez de volver a meter la pata y encima quedar como un maleducado que compra el queso de la mejor cabra lechera del mundo y que por ello, solo sirve esa cutrez.
Aunque debo mencionar que se nos descontó la ensalada que no nos pudimos comer sin rechistar, lo mejor aún faltaba por llegar. Y es que cuando ya habíamos pagado y nos disponíamos a marcharnos, vimos como en otra mesa servían un plato de ensalada (espero que en buen estado)  con dos contundentes rodajas de queso bien hermosas.
Supongo yo que nuestro exclusivo rulo de cabra de la mejor cabra lechera del mundo, se había terminado y sólo les quedaba uno de las del montón.


miércoles, 17 de mayo de 2017

Unos shorts largos y pelos aún más largos

Como ya venía diciendo, parece que esta llegando el verano. Y aunque en mi armario no quepa ni una minúscula prenda más de ropa, siempre termino por comprarme alguna camiseta, short o vestido, que luego no me pondré con la excusa de que hace demasiado viento. Pero que queréis que os diga, no puedo evitarlo.
La cuestión, es que el cambio de armario, o mejor dicho, la renovación de armario, me resulta una "tortura china". Con lo divertido que sería salir de compras y verme fabulosa con la prenda de moda de turno o aquel clásico que nunca puede faltar en tu armario... pues no, resulta que para mi es misión imposible deshacerme de algunas prendas que ya llevan dos temporadas rotas, porque se que no encontrare ningún sustituto en las tiendas.
Todo esto viene a que hoy en weloversize he leído acerca de los bandelettes, unos ligueros anchos para evitar las rozaduras en las piernas. No se si realmente serán efectivos, pero la cuestión aquí es que se supone que si llevas shorts y no una falda o un vestido; no tienes porque sufrir por esas rozaduras que a muchas nos amargan el verano. El problema, es que si no quieres llevar un pantalón hasta las rodillas, apenas hay modelos que lleguen hasta media pierna, que no aprieten, que sean de cintura media o alta y que sean bonitos (o por lo menos yo, no he conseguido dar con ellos). Por el contrario, la mayoría de shorts son minúsculos y apenas cubren dos centímetros de piernas.
Por otro lado, si te apetece llevar falda o vestido, ya me diréis cómo lo hacemos para que con una ráfaga de viento no se nos vean las mallas o bien no se transparenten, pues son lo único que realmente funciona para evitar las rozaduras si es que no se te acaban enrodillando y tienes que hacer virguerías para que de forma disimulada vuelva todo a su sitio y no termines con roces.
Por suerte, hace unas semanas encontré unos shorts que sí se ajustaban a mis necesidades; eran altos de cintura y el largo evitaba que las piernas se me rozaran. Así que este verano, podré combinarlos con los únicos que encontré el año pasado.
Como hoy hacía calor, he decidido estrenarlos y ponérmelos por casa para que se empiecen a adaptar a mi cuerpo y cómo no, se hagan un poco más anchos. Y mientras miraba la televisión, han anunciado una marca de cuchillas bajo el lema "para que puedas salir de casa" o "lista para poder salir" a lo que enseguida me he mirado las piernas que como era de esperar en estas fechas; no estaban nada listas según el anuncio. Me parece perfecto que anuncien el producto, yo soy la primera consumidora de él, pero que lo hagan bajo ese concepto me parece del todo inaceptable.
Dejemos ya de imponer que es lo correcto y que es lo que debemos hacer las mujeres con nuestros cuerpos, dejemos de cohibir y condicionar a las más jóvenes y sobre todo, luchemos por nuestros derechos y nuestra libertad. Puede parecer algo insignificante, pero si empezamos a sumar toda la información que recibimos a diario y que pocos se cuestionan, nos daremos cuenta del tipo de mujeres que estamos creando...





miércoles, 3 de mayo de 2017

Parece que se acerca el verano...

Parece que se acerca el verano, y no lo digo por esos rayos de sol que a mí en particular me ponen de tan buen humor, ni por esos días que se alargan y te invitan a salir de casa, ni por la ropa manga corta que ya lleva meses vendiéndose. Hablo del bombardeo que se está sucediendo por todos lados con mensajes que te insinúan que tu cuerpo no está como debería. La televisión, internet, las revistas, las tiendas y hasta las farmacias, mire donde mire ahí están sus mensajes para recordarte que no eres perfecto. “Este es el vaquero que te hace más delgada”, “Despídete de los michelines y presume de six pack: tripa plana y firme”, “Adelgázate, anímate, depúrate”. Ya se que no solo aparecen estos meses del años, pero en estas fechas parece que se disparan las alarmas, pues ya ha pasado navidad y hasta pascua y como no te apresures; en dos meses lucirás esos michelines tan espantosos por los que no vas a querer ni a poder pisar la playa.
El cuerpo debe cuidarse todos los días del año, no digo que no, pero no hablo de estar a dieta los 360 días del año para tener el cuerpo que se nos exige la sociedad y hasta en algunos casos, nuestra propia familia y amigos; hablo de estar sanos, de comer de manera equilibrada y de hacer ejercicio para sentirnos bien independientemente de nuestro peso y talla. Y sobre todo, independientemente de lo que piensen los demás. Mientras uno este sano y se sienta bien en con su cuerpo nadie debe hacer que nos sintamos acomplejados, insuficientes e imperfectos. Es más, aunque no estemos sanos ni nos sintamos bien con nuestro cuerpo, nadie es quién para decir nada. Creo que cada uno sabe lo que quiere y lo que debe hacer si necesita o quiere perder o ganar peso. Aunque eso de ganar peso, parece que no existe ni que nadie lo necesita ni lo desea… ¿Pues quien en su sano juicio podría querer algo así?
Vivimos en una sociedad en la que nada de lo que haces, dices o eres es lo correcto, en una sociedad que nos acompleja, nos hace vulnerables y nos anula. Una sociedad, que nos “invita” a ser todos iguales, a tener el mismo cuerpo que alguien decidió que era el único válido y hermoso al que todos debíamos aspirar; y que nos conduce a una vida de esfuerzo y sufrimiento para conseguir unos estándares de belleza para sentirnos aceptados y complacer a todos menos a nosotros.
En mi opinión, ha llegado un momento en el que todos, debemos decir BASTA y revelarnos contra el mundo y contra nuestras propias creencias, pues tantos años ingiriendo tanta basura nos pasa factura a todos. Es necesario que desaprendamos y veamos de nuevo con buenos ojos la realidad. Que aprendamos como es un cuerpo de verdad, sin filtros ni photoshop y que nos aceptemos y nos queramos tal y como somos. Que ya está bien de poner caras raras cuando el vello, algo tan normal de la naturaleza humana, asome de entre el biquini o por la manga de una camiseta y hasta se convierta en noticia. Ya está bien, de que nos hagamos daño con miradas y comentarios de desaprobación si tenemos un michelin o dos, si tenemos celulitis o estrías, si no nos hemos depilado o lo hemos hecho donde no debíamos, si nuestro pelo no está liso y sedoso como los anuncios de pantene… y así, con un sinfín más de gilipolleces.
Es hora de sacar fuerzas, de luchar con nuestros propios prejuicios y sobre todo, de ser valientes y enseñarnos al mundo tal y como somos sin miedos y sin complejos. Es hora de vivir y disfrutar cada momento sin que nada ni nadie nos arruine la felicidad de un plumazo porque lo que tienen delante les hace daño a la vista. Quien tenga un problema tal de imbecilidad, que se lo haga mirar o cierre esos ojos que son incapaces de admirar la verdadera belleza. Logremos que gane la sensatez y no todos aquellos que viven de nuestros miedos y complejos haciéndonos creer que siempre seremos mejorables y nos bombardean con mensajes para luego vendernos sus falsas "soluciones".